Historias de linces; dispersiones

Las reintroducciones del lince ibérico (realizadas en Andalucía, Extremadura, Castilla la Mancha y Portugal) están deparando algunas sorpresas. Normalmente, los linces liberados pueden dispersarse en un radio aproximado de unos 30-40 kilómetros. Pero, el detallado seguimiento realizado hasta ahora ha permitido comprobar que algunos linces realizan largos desplazamientos, de cientos de kilómetros. Esta información de “linces viajeros” se puede recopilar gracias a los collares VHF-GPS. Actualmente se tienen más de 70.000 coordenadas de más de 40 linces dispersantes de toda la Península Ibérica.

En el caso de Extremadura, hemos tenido algunos casos muy llamativos: tres inmigrantes desde los Montes de Toledo (linces “Khan”, “Moruno”, y sobre todo “Negral”) y algunas otras incursiones; otro inmigrante, pero de origen desconocido (lince denominado “Intruso”), y una emigrante a los Montes de Toledo (“Luna”). Además, hemos tenido casos de emigrantes desde el área de reintroducción inicial (Valle del Matachel), a distancias más cortas, pero destacables: tres casos al área del río Ortiga (a más de 40 kms al norte); un caso al sureste, justo al límite con Córdoba; y dos dispersantes al sur, al área de Valdecigüeñas, en el límite con Sevilla.

Pero, posiblemente los viajes más espectaculares los han protagonizado los hermanos «Khan y Kentaro», criados y entrenados en cautividad y liberados en los Montes de Toledo en 2014. «Kahn», pasando por Extremadura, se dirigió hacia el sur de Portugal, haciendo más de 1.700 kilómetros en un año, atravesado carreteras, vías de tren y otros tipos de obstáculos. Su hermano «Kentaro» se movió hacia el norte, recorriendo Castilla y León hasta Galicia y el norte de Portugal, y recorriendo más de 3.000 kilómetros. Estos ejemplares fueron criados en ex situ (cautividad); aunque no puede afirmarse que esa característica les haya hecho moverse más. Otros ejemplares nacidos in situ también hicieron grandes recorridos, como «Hongo», procedente de Doñana, el cual se dispersó hasta la localidad portuguesa de Vilanova de Mil Fontes, y subió luego hasta una región del norte de Lisboa. Y, la hembra «Nuria», originaria de la Sierra de Andújar, que llegó hasta las sierras de Cazorla y de Castril (Granada). Por su parte «Kaa», lince liberado en Guadalmellato (Córdoba), hizo un viaje hasta la sierra de Arana (Granada). «Caribú», procedente de Sierra Morena (y liberado en el parque de Doñana para servir de refuerzo genético) que hizo un viaje hasta tierras portuguesas en Barrancos. O, «Litio», que procedente del sur de Portugal llegó cerca de Barcelona en el Bajo Llobregat tras 19 meses de viaje.

En Extremadura, los casos más llamativos son los de «Negral» (liberado en febrero de 2017 en los Montes de Toledo y ya en julio de ese mismo año en Extremadura hasta hoy) y sobre todo el caso de «Luna», liberada en 2015 en el Valle del Matachel (Badajoz) y dispersante ese mismo año hacia el norte (al área del Ortiga; Medellín, Badajoz), para el año siguiente 2016 dispersarse hasta Puerto Lapice (Toledo), donde fue capturada y regresada de nuevo al Matachel. Sin embargo, de nuevo realizó casi el mismo camino, aunque a la altura del PN de Cabañeros se dirigió exactamente al área de reintroducción de Montes de Toledo. Desde 2017 es una hembra territorial y reproductora en Montes de Toledo, y este año 2019 ha sido incluso abuela, siendo el paradigma de conectividad.

La información disponible indica que los linces son capaces de moverse por una mayor variedad de hábitats que lo que se pensaba, usando zonas sub óptimas, y siendo menos selectivos en la dispersión. El conocimiento de estas áreas de conexión puede desempeñar un importante papel para la conservación, por las siguientes razones:

  • Analizar la selección de hábitats, usos del territorio amenazas, y en general aprender el patrón de las dispersiones.
  • Aportar información sobre preferencias del lince en las áreas de reintroducción.
  • Identificar zonas de conectividad o de intercambio de poblaciones, corredores biológicos de las áreas de reintroducción, así como cuellos de botella de esos corredores.
  • Mejorar el grado de conectividad entre las poblaciones y la permeabilidad que presentan los diferentes tipos de vegetación y usos del suelo.
  • Permiten evaluar medidas de conservación en las nuevas áreas de reintroducción, que pueden tener condiciones diferentes de las existentes en las poblaciones originales de Doñana y Andújar-Cardeña.
  • Planificar medidas concretas como las de restauración ecológica para fomentar la permeabilidad y el uso efectivo de los conectores identificados, o la construcción de pasos de fauna o medidas de mitigación del riesgo de atropello en los tramos de infraestructuras viarias.
  • Decidir futuras áreas de reintroducción de manera que presenten niveles de conectividad suficientes con el resto de poblaciones.

La viabilidad de las poblaciones de lince ibérico requiere niveles de conectividad suficientes que garanticen el intercambio y diversidad genética de las poblaciones, evitando los efectos de la endogamia y la consiguiente pérdida de adaptación. Aunque algunos de estas dispersiones no se traducen necesariamente en intercambio genético (reproducción), a medida que vaya habiendo más poblaciones estables de lince (objetivo final de las áreas de reintroducción) aumentará la probabilidad que las dispersiones se traduzcan en intercambios genéticos. Actualmente, se fomenta la diversidad genética mediante una gestión activa de la especie, a través de acciones de refuerzo genético y la selección cuidadosa de los individuos a liberar en cada zona en función de su composición genética. En un escenario futuro lo deseable es que la diversidad genética se garantice de manera espontánea gracias a la conectividad entre las diversas poblaciones.

Más información:

https://www.lavanguardia.com/natural/20160203/301869185223/kentaro-lince-explorador-lince-viajero-galicia-lince.html

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