Nos afecta el cambio climático (II)

El cambio climático se considera uno de los cinco problemas principales de la pérdida de la biodiversidad en el mundo, junto con la pérdida de hábitats, la sobreexplotación, la contaminación y las especies exóticas invasoras. Por ello, se prevén múltiples efectos sobre la diversidad biológica que agravarán sus problemas de conservación. Se predice la extinción de animales y plantas, ya que los hábitats cambiarán tan rápido que muchas especies no se podrán adaptar a tiempo.

El cambio climático actual es antropogénico y se relaciona principalmente con la intensificación del efecto invernadero debido a las emisiones procedentes de los combustibles fósiles. Y no solo son los sectores del transporte o la energía. Por ejemplo, las tecnologías de la información y la comunicación (teléfonos móviles y ordenadores que usamos todos) contribuyen al 2,5% de las emisiones globales de carbono, una cifra muy similar a la de la aviación comercial, tan denostada por sus emisiones. Todos estamos implicados y afectados, desde los conejos hasta las focas y los humanos. El cambio climático afecta a todo. El impacto potencial es enorme, con predicciones de falta de agua potable, grandes cambios en las condiciones para la producción de alimentos, aumento en los índices de mortalidad debido a inundaciones, tormentas, sequías, olas de calor, o enfermedades de otras latitudes. El cambio climático no es un fenómeno sólo ambiental sino de profundas consecuencias económicas y sociales. Los países más pobres, que están peor preparados para enfrentar cambios rápidos, serán los que sufrirán las peores consecuencias. España ocupa el puesto 29º en la lista de los países más vulnerables.

La Cumbre de Madrid (COP25)

Las emisiones de CO2 relacionadas con los combustibles fósiles han aumentado un 61% desde la Cumbre de Rio de Janeiro de 1992. Mantener el aumento de la temperatura por debajo de los dos grados es el objetivo que 197 países se comprometieron a cumplir en el Acuerdo de París de 2015. Por tanto, es urgente descarbonizar todos los sectores de la economía. La Cumbre de Madrid (COP25) es especialmente trascendente, ya que constituye la última reunión para activar el Acuerdo de París, concebido como el primer pacto mundial vinculante en defensa del clima del planeta, que tiene que estar plenamente vigente en enero de 2020. La COP25 busca impulsar las garantías para ponerlo en marcha con la entrada en vigor de las medidas nacionales. No es hora de ser alarmistas, sino realistas.

Afección a la biodiversidad

A las especies con las que trabajamos en la Fundación CBD-Hábitat les afecta mucho el cambio climático, especialmente al conejo de monte (y sus depredadores) y a la foca monjePero el problema es mucho más amplio. La biodiversidad general está muy afectada, por ejemplo, en cambios en la distribución de las especies, aparición de especies exóticas invasoras (con el desplazamiento de las autóctonas), o alteraciones en las migraciones. El verano se alarga (a una media de nueve días por década). Y, un millón de especies están amenazadas de extinción.

Algunos indicadores, cercanos y lejanos:

Hay múltiples impactos en los ecosistemas marinos (calentamiento de las aguas, subida del nivel del mar, aumento del pH del agua y pérdida de capacidad de calcificación de los organismos calcáreos, desplazamientos de las especies hacia latitudes más al norte, etc.), pero especialmente grave es el castigo que sufren los arrecifes de coral. A la contaminación, el arrastre de sedimentos que los cubren, la sobrepesca o el expolio, se une el cambio climático, ya que están al límite de la tolerancia térmica. Por otro lado, el Mediterráneo se calienta a razón de 0,34 grados por década, y se está produciendo un incremento del nivel estimado en 3,4 milímetros por año desde 1993, desaparecen algunas especies sensibles y entran especies invasoras.

La flora es también muy sensible a estos cambios. El crecimiento de las hayas en las montañas norteñas ibéricas ha experimentado una disminución de casi el 50% en los últimos 30 años, observándose un reemplazamiento progresivo de los ecosistemas frío-templados por otros de tipo mediterráneo. El hayedo y el brezal están siendo sustituidos por el encinar en altitudes intermedias. El cambio climático favorece la expansión de especies parásitas, como la «seca» que fulmina a encinas y alcornoques. Hay una disminución de las precipitaciones del verano e invierno y un aumento en otoño y primavera. Así, se han detectado menos tormentas estivales en el Sistema Central que ponen en peligro los bosques de coníferas del Guadarrama. Un poco más alejado resulta el área deforestada de la Amazonía, que entre agosto de 2018 y julio de 2019 fue un 30% mayor que en el periodo anterior y es el índice más alto desde 2008.

Hay especies animales que sufren especialmente, como el urogallo cantábrico, que ha perdido el 70% de sus poblaciones en los últimos 30 años. Otras se han expandido, como la oruga procesionaria, de origen y distribución mediterráneos, que ha incrementado su presencia en zonas norteñas o de montañas alpinas. La perdiz nival es ejemplo de especie indicadora que cada vez se desplaza más hacia el norte. En España, sus poblaciones ya solo sobreviven (y en retroceso) aisladas en áreas de los Pirineos a más de 1.800 metros de altitud. Un poco más alejados resultan los pingüinos barbijo estudiados en las bases antárticas españolas, que se han reducido un 41%, consecuencia a su vez de la reducción del 80% del krill de la península antártica. Y, hay aves de origen africano que son habituales en localidades andaluzas, como el vencejo moro, el vencejo cafre o el buitre moteado.

Soluciones

En particular, en la Fundación CBD-Hábitat intentamos luchar contra el cambio climático, y por ejemplo hemos gestionado toneladas de biomasa no incinerada dentro del Proyecto LIFE Feeding scavengers, directamente consumidas por las rapaces, y a los beneficios para ganaderos y aves necrófagas se suma la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, al eliminar el transporte de los cadáveres hasta las plantas de tratamiento y sobre todo las emisiones derivadas de la incineración de estos cadáveres.

En general, las acciones dirigidas a conservar la biodiversidad deben tener en cuenta la adaptación al cambio climático. Asimismo, deben potenciarse las sinergias positivas entre las políticas de conservación de la biodiversidad y las de mitigación y adaptación al cambio climático. La Unión Europea propone como instrumentos para combatir los efectos del cambio climático sobre la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas medidas que favorezcan la integridad de los ecosistemas y su resiliencia, así como las que fomenten la conservación, promuevan la conectividad y la permeabilidad de los espacios naturales, especialmente los protegidos. Una de las soluciones podría ser la creación de más espacios protegidos y corredores ecológicos, que benefician a la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. No es hora de ser alarmistas, sino realistas…

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