Las conejas empiezan a criar en el Valle del Matachel, Extremadura.

Posiblemente y a largo plazo, el éxito de las reintroducciones de los linces en las diferentes áreas de la Península dependerá de la evolución de las poblaciones de conejos silvestres. En algunas de estas zonas se ha notado desde hace dos o tres años, como en el resto del territorio, una disminución de las poblaciones de conejos. Por eso es gratificante constatar la reproducción de las conejas en el campo. En el Valle del Matachel, la zona elegida como área de reintroducción del lince en Extremadura, se ha detectado signos de esta reproducción. Pero, a veces la constatación se hace casi por casualidad, como en este caso. En una cámara de fototrampeo colocada para el seguimiento del lince una coneja se retrató varias veces a mediados del mes de diciembre en el trajín de llevar paja y otros elementos para hacer el nido para los gazapos. Esperemos que el año sea de buena crianza para los conejos y linces.

El conejo de monte: ¿especie clave y dominante de los ecosistemas mediterráneos?

En general una “especie clave” de un ecosistema es aquella que desempeña un papel fundamental, independientemente de su abundancia o biomasa, ya que produce efectos desproporcionados, cualitativos, que pueden transcender a todo el sistema y afectar a muchas especies. Es decir, son especies cuya desaparición puede alterar sustancialmente un ecosistema.

Podría ser el caso de algunas especies “depredadoras” o “ingenieras”. Las primeras suelen ser especies poco abundantes pero cuya desaparición puede desencadenar efectos en cascada; si dejan de controlar las presas éstas provocarán un efecto sobre la vegetación (o los productores primarios). Un ejemplo clásico es el control que hacen las nutrias marinas sobre las diferentes especies de invertebrados comedoras de las grandes algas marinas del Pacífico. Son ejemplos del papel funcional de los grandes o meso depredadores y sus efectos en cascada.

Las especies “ingenieras” son aquellas que modifican o incluso crean hábitats. Por ejemplo, los elefantes o los castores.

Además de las anteriores hay también “especies dominantes”, que conforman una parte muy importante de la biomasa del ecosistema, como es el caso de muchas especies presa o vegetales. Por ejemplo las encinas, ya que su sola presencia determina la estructura y funcionamiento del bosque mediterráneo. La eliminación o disminución de estas especies altera drásticamente todo el sistema. Otro ejemplo clásico, podrían ser los salmones del Pacífico, depredados por un amplio abanico de especies marinas y terrestres, y que afectan incluso a la fertilización y desarrollo de los bosques.

En los ecosistemas mediterráneos el conejo de monte o silvestre (Oryctolagus cuniculus) puede ser una especie dominante y clave, por ser especie presa fundamental y además por poder actuar como “ingeniero” y modelador del paisaje. El conejo de monte es el único conejo europeo, y su origen está en la Península ibérica. No existe otra zona del mundo donde el conejo sufra una presión tan alta como en el área mediterránea, y en particular en la Península, ya que los conejos ibéricos no tienen “especies redundantes” que desempeñen un papel funcional similar. Los conejos pueden representar hasta el 25% del total de presas de los depredadores ibéricos. Se ha estimado que hay ¡48 especies! de vertebrados que en mayor o menor medida depredan sobre el conejo en la Península (y por ejemplo en Inglaterra depredan 9 especies y en Francia, 30). Además los depredadores, dependiendo de su peso, cazan selectivamente conejos de diferentes edades y tamaños.

Por supuesto, tal presión ha llevado al conejo a desarrollar adaptaciones evolutivas específicas (de alta productividad y precoz desarrollo de los juveniles; de comportamiento; de menor depredación sobre las hembras, etc.).

El conejo supone como mínimo el 85% de la dieta del lince ibérico. El lince es por tanto un súper especialista en el consumo del conejo, llegando a depender fuertemente de su dinámica poblacional, e incluso parece haber co-evolucionado con el lagomorfo.

Antes que las enfermedades diezmaran las poblaciones de conejos, éstas eran reguladas por el amplio espectro de depredadores ibéricos. En ausencia de depredadores especializados, el conejo se comporta como “especie invasora” o plaga (como sucede en Australia y otras islas del mundo). Precisamente como consecuencia de esa circunstancia, se aisló el virus de la mixomatosis y se decidió utilizarlo como medio de control. En 1950 se introduce en Australia y poco después en Francia, desde donde se extendió rápidamente por toda Europa, diezmando las poblaciones con una impresionante eficacia. Posteriormente, en 1988, aparece en Europa otro virus, el de la enfermedad hemorrágica, que constituyó un complemento letal de la mixomatosis para la mayor parte de las poblaciones ibéricas y, paralelamente, para los depredadores más especializados en su captura, como el lince.

El conejo de monte es una especie con muy amplia valencia ecológica, que puede adaptarse a hábitats muy variados, de lo que da fe su amplia distribución actual por todo el mundo. Sin embargo, su óptimo corresponde a paisajes en mosaico, dominados por matorrales o arbustedos mediterráneos, tanto con arbolado como sin él, pero salpicados de pequeñas teselas de pasto herbáceo (o cultivo agrícola), que son las que contribuyen a proporcionarle alimento de calidad. En ese hábitat satisface sus necesidades de refugio y alimento, y su normal desarrollo como especie dominante y clave del monte mediterráneo, del lince, de la mayoría de los depredadores ibéricos e incluso como modelador de la vegetación y del paisaje.

 

Texto: Fundación CBD-Hábitat.

Más información en el “Manual para la gestión del hábitat del lince ibérico y de su presa principal, el conejo de monte” (Fundación CBD-Hábitat) cuya segunda edición estará disponible en español y portugués durante el año 2015 como parte de las acciones del Proyecto LIFE+ Iberlince.

FOTO: Conejo en una finca de la Sierra de Andújar con acuerdo de colaboración con la Fundación CBD-Hábitat, Proyecto LIFE+ Iberlince.

Lince ibérico, aliado del cazador

Ideas para la conservación del lince: mejoras de los olivares

La mejora de los olivares como hábitat potencial para los linces dispersantes.

 

Las mejoras de hábitat son fundamentales en la conservación del lince ibérico, entendiendo el hábitat ampliamente (medio, hombre, vegetación, otras especies, especies presa, etc.).Últimamente tenemos una idea recurrente: la mejora de los cultivos agrarios en general y del olivar en particular como zonas de convivencia y aprovechamiento de humanos y otras especies (¿y porque no de conejos y linces?…).

 

En la Sierra de Andujar hay ya más de 50 hembras de lince reproductoras, pero: ¿dónde van los linces juveniles, dispersantes, los nuevos colonizadores, los futuros reproductores? uno de los posibles caminos es hacía el sur, a la campiña, donde esos linces serranos se pueden convertir en linces “aceituneros” en un paseo a “El Olivar”, extensión que algunos consideran un enorme bosque. Pero, un bosque no es un conjunto de árboles al igual que un organismo no es un conjunto de órganos y el olivar jienense, desde el punto de vista de la conservación ya no es lo que era, y debería mejorar.

 

La excesiva intensificación y el uso masivo de herbicidas han convertido miles de hectáreas en eriales con olivos. Un olivar sin herbicidas, y con la vegetación conservada en arroyos, regatos y linderos, con corredores y refugios para la fauna, en fin, más “natural”, podría mantener linces residentes y reproductores. Pero, los conejos deberían convivir con el olivar y los agricultores, y sin que estos tengan daños. La reducción (o eliminación) de los herbicidas y biocidas redundaría en más herbáceas, que podrían alimentar a los conejos y reducir así los daños para el olivo (porque muchas veces los conejos dañan los olivos porque no tienen alternativa para comer, y pocos conejos pueden provocar muchos daños). Todo el sistema podría obtener beneficios de la mejora ambiental del olivar.

 

Por otro lado cuando llueve torrencialmente en Jaén se vé la enorme escorrentía en los olivares, y como se agrandan los regatos y arroyos, ramblas, ríos y finalmente hasta se desborda el Guadalquivir. Si no se dejaran “pelados” los olivares, gran parte de esta agua se esponjaría, se recargarían los acuíferos y no se producirían tantos procesos erosivos.

Un olivar con corredores de vegetación y con refugios para algunos depredadores, que controlen de forma natural a los conejos. Desde luego la mejora del olivar debería alcanzar densidades de conejos compatibles con el hábitat (“olivar”) y además no perjudicar a los agricultores, quizás cobrando más por la calidad, diversidad y sostenibilidad. Algunas experiencias demuestran que los daños a olivares en cultivos “ecológicos” son menores que en otros más intensivos donde se usan herbicidas, pesticidas y abonos de síntesis. La explicación estaría en que estos tienen una suficiente cubierta herbácea, que es preferida por los conejos. La desaparición de las especies arvenses y de linderos, ribazos y setos pueden ser factores que incrementen los daños de los conejos sobre los olivares, aunque no se incrementen las poblaciones. Y además, puede haber otras ventajas (ambientales) como la citada reducción de la erosión, la conservación de la humedad, el enriquecimiento del suelo con nutrientes, etc. Las previsiones de la PAC indican que estas buenas prácticas agrícolas serán fomentadas por la UE en las ayudas financieras, en detrimento de las vinculadas solo a la producción, sin beneficios ambientales. En resumen, sería conveniente adoptar esquemas de agricultura que aumenten y diversifiquen (en el espacio y el tiempo) la disponibilidad del alimento y refugio para los conejos y sus depredadores, pero también para minimizar daños y evidentemente no perjudicar al olivarero. Esperamos que los linces recolonicen (porque ya estuvieron allí) esas tierras de Jaén, del Sur de Sierra Morena, en olivares mas sostenibles y con más biodiversidad.

 

FOTO: Olivar a pie de monte de la Sierra de Andujar, cerca de una zona donde hay buenos parches de monte mediterráneo y donde incluso campean algunos linces. Se trata de una finca privada con acuerdos de colaboración con la Fundación CBD-Hábitat dentro de los proyectos de conservación del lince ibérico.

Recomendaciones y tríptico sobre como evitar atropellos de linces

Cómo evitar accidentes con animales silvestres

• Prestar la máxima atención cuando se circule por zonas silvestres; un animal puede cruzar la carretera en cualquier lugar, y en cualquier momento, en especial durante el amanecer y el ocaso.

• Reducir la velocidad; a menor velocidad mayor capacidad de reacción.

En las áreas de actual distribución de lince ibérico podemos encontrar paneles informati vos con la leyenda “Atención, Paso de Linces”.

Qué hacer si encuentro un lince en la carretera

• Cambiar a luces de cruce, para no deslumbrar y desorientar al animal.

• Detenerse sin maniobras bruscas, señalizar el lugar correctamente.

• Avisar al 112 y seguir sus instrucciones.

• No intentar capturarlo, ni acosarlo para sacarlo de la vía.

• Conti nuar alerta, circulando a baja velocidad.

En ocasiones la prudencia y la precaución no bastan para evitar un accidente.

Si has tenido un accidente con un lince

• Detenerse de forma controlada.

• Asegurar el lugar del accidente. Ponte el chaleco refl ectante y coloca los triángulos de advertencia.

• Avisar al 112 y seguir sus instrucciones.

• No manipular al animal, ni moverlo de siti o.

• En cualquier caso noti fi car el accidente, aunque no existan daños aparentes, para que si está herido pueda ser localizado y atendido.

Siempre respetando todas las normas para no entorpecer ni poner en peligro la circulación del resto de los vehículos.